Una investigación personal sobre fibras naturales me trajo a la Escuela Artesana de Mallorca, donde realicé mi primer curso de artesanía, «la llata». Quería conocer una fibra vegetal y sus usos, explorar los procesos de recolección, secado y creación, y terminar una pieza con mis propias manos. ¡Qué ingenua expectativa! Creer que podría absorber generaciones de conocimiento en tan poco tiempo. Aprender esta herencia cultural requiere mucho más que técnica; es entrar en el ritmo de la llata, una lección que este curso me enseñó profundamente.
¿Qué es la llata?
La llata es una trenza larga y continua hecha de palmito (Chamaerops humilis), utilizada tradicionalmente en Mallorca para crear objetos cotidianos y artesanales como cestas, sanayas o tapetes. Más que una herramienta funcional, la llata es la base de un método de construcción ingenioso: se cose sobre sí misma, capa a capa, dando vida a las piezas finales. Este proceso modular contrasta con la cestería, donde las fibras se entrelazan directamente para crear la forma final.
En el taller, muchas de nosotras no sabíamos que una sanaya nace de esta trenza. Nos acercábamos a las piezas terminadas, explorando con curiosidad el tramados entero, descubriendo las líneas donde la llata se ensambla sobre sí misma.
En el taller: entrando en el ritmo
En una sala impregnada por el olor dulzón de palma seca, sentadas en círculo, entre lanzas de palmito, cuentos y preguntas, el ambiente se convierte en un espacio de aprendizaje y conexión.
Un recorrido visual de la isla identificando esta generosa planta, nos introduce a hablar sobre su recolección, la época adecuada de recogida y proceso de secado. Escuchamos las anécdotas de nuestras maestras sobre cómo aprendieron esta tradición junto a ses Madones de Capdepera, sentadas, trenzando alrededor de manos expertas.
Poco a poco, aprendemos los primeros pasos: abrir las palmas, separar las hojas y preparar los brins, cintas de palma de un grosor uniforme que extraemos cuidadosamente con la ayuda de una aguja. Una vez listos, Antonella y Araceli nos guían para iniciar la llata, recordándonos con una frase que se convierte en mantra:“El inicio lo entenderás, pero no ahora. Ahora entra en el ritmo de la llata.”
Había tanto que aprender: la tensión precisa al sostener los brins, la diagonal adecuada, la cantidad justa de agua, y el movimiento repetitivo de los dedos que guía la trenza, de dos en dos. Es un trabajo largo, detallado y, sobre todo, rítmico. Cada pieza requiere su propia cantidad de brazadas, y también una disposición a equivocarse y corregir.
Descubrí qué, a este nivel, más importante que saber cómo empezar, es aprender a reparar los errores; de lo contrario, estarás frita en casa cuando algo no vaya bien. Entonces saber reconocer los errores es tan importante, como saber no excederse en perfeccionismo.
Reflexiones sobre el aprendizaje:
Durante el curso, me interesé por las distintas formas de aprendizaje en este grupo mixto e intergeneracional. Algunas personas memorizaban haciendo, otras necesitaban grabar o fotografiar cada paso, mientras que yo no puedo avanzar sin apuntar cada detalle. Si no lo hago, lo lamento después, ya sea en casa o meses más tarde. En este curso, fue evidente la constante necesidad de saber cómo iniciar la llata, así que muchos nos llevamos varias trenzas iniciadas para seguir practicando en casa.
Para mí, dibujar, hacer esquemas y garabatos es indispensable, es mi forma de apropiarme del conocimiento y también de compartirlo. Y engancharme al ritmo de la llata no es solo aprender una técnica, es entrar en contacto con el territorio, abrazar la tradición y ser parte del tejido cultural de un lugar.
Final del taller y de esta entrada:
Mientras trenzaba, recordé algo que leí: «La historia de las plantas está unida de forma indisoluble a la historia de los pueblos.» Este taller no solo me enseñó a trabajar con la llata; me conectó con el legado de quienes transformaron una planta en tradición.
No sé dónde me llevará este camino artesanal, pero mi deseo es rodearme de personas que cuenten historias de vida trabajando de manera respetuosa con la naturaleza. Este blog es mi forma de registrar esas historias, apuntes y descubrimientos. Como dice Robin Wall Kimmerer: «A medida que el mundo cambia, las culturas inmigrantes deben escribir relatos propios que hablen de su relación con el lugar en cuestión.» Este es mi relato, un pequeño fragmento en la trenza infinita de la llata.



