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Una investigación personal sobre fibras naturales me trajo a la Escuela Artesana de Mallorca, donde realicé mi primer curso de artesanía, «la llata». Quería conocer una fibra vegetal y sus usos, explorar los procesos de recolección, secado y creación, y terminar una pieza con mis propias manos. ¡Qué ingenua expectativa! Creer que podría absorber generaciones de conocimiento en tan poco tiempo. Aprender esta herencia cultural requiere mucho más que técnica; es entrar en el ritmo de la llata, una lección que este curso me enseñó profundamente.